miércoles, 4 de septiembre de 2013


Días de escuela


Hoy fue un día bastante largo, estuve casi todo el día en el colegio con mis amigas. Jugamos a la mancha en los recreos cortos y en los largos a saltar el elástico y la soga, competimos a ver quien aguanta más saltando y Humberto que es el feo de la clase se queda todos los recreos con nosotras. Humberto es pelirrojo, tiene unas pecas divinas aunque me den un poco de asco, tiene bastante panza y no le gusta comer pescado, con las chicas nos burlamos porque siempre se le ve la raya del culo, esta todo el día levantándose los pantalones pero no hay caso. Las maestras lo quieren porque realmente es un chico simpático, todo el día jugando con nenas, al principio los chicos lo burlaban, después no se qué paso…lo aceptaron. El pecoso es medio bruto y Justina muchas veces lo burla por ser tonto, la semana pasada preguntó siete veces que era un adjetivo hasta que la maestra le contesto enojada: Humbertito, hace tres semanas que estoy explicando adjetivos, ¿cómo se te ocurre preguntarme ahora que ya término el tema? Humberto se fue con la cabeza gacha y con mucha vergüenza, mientras Justina se reía al lado; la misma tarde antes de irnos, ya todos con las mochilas, de lo más excitados, la misma maestra: Humbertito, ¿por qué no le decís a mami que te saque los piojos, de acá te veo uno gordo y muy gigante? Humberto lagrimeó un poco y como buen hombre siguió adelante. Ese día pensé: pobre Humberto, ¿cómo va a hacer para que una chica guste de él? En el baño a veces juegan a quien pisa la baldosa se casa con Humberto, una vez recuerdo llevaron a una de los pelos a la baldosa, después de un tiempo le pidieron perdón, y quedaron en que eran cosas del pasado y de niños.


Cuestión que hoy, más allá de todas estas cosas que pasan en el colegio y que algunas son divertidas, llegue a casa re cansada y me puse a jugar un rato con las barbies, pero cuando me levanté para ir a buscar un chocolate escuche que ellas se reían de mí, me dije que no podía ser cierto, entonces las miré pero se callaron. Cada vez que me daba vuelta se callaban, a mí eso me daba mucha bronca. Tenía tanta bronca que de mi cabeza salía humo que hacía que me intoxicara con mi propia respiración, mis manos cada vez más sudorosas, se resbalaban cuando intentaban agarrarme de algún lado, sólo veía manchas, muchas manchas de colores, algunas eran más grandes que otras, me encandilaban lo suficiente como para ser víctima de una ceguera indomesticable. No podía ver los grandes y altos edificios enormes que veía siempre desde la ventana de mi cuarto. Me balanceaba de un lugar a otro, sin saber muy bien en donde estaba, este lugar era muy chiquito, apretaba bastante, tenía cuadros familiares colgando por todos lados. Tantos que unos estaban encima de otros, había muchos discos de distinta música antigua, ropa extraña para vestirse tirada por todos lados, tres nenas o mujeres de plástico, una cocinita, algunos bebes de mentira tirados por ahí, no sabía en donde ponerme. Estaba apoyada sobre una pared de plástico pegada a los cuadros familiares y mi garganta comenzó a cerrarse, ni la saliva pasaba, la maldita se estaba alimentando de los infames susurros que salían de esos cuadros tan charlatanes. No les entendía nada, eran solo algunas pocas palabras que escuchaba pero no podía comprender en qué idioma hablaban.



Igual para mí estaba sola y por suerte, no se escuchaban ni risas, ni llantos, a veces cuando aquellos susurros me tomaban por completo me mojaba un poco pero no tenía problema porque yo era lo único que estaba vivo en ese mundo tan pequeño de casas inexistentes y edificios vacíos. Por suerte, mis barbies me acompañaban: se seguían riendo de mí en el camino, aunque sólo si yo estaba de espaldas, asique trataba evitar lo más posible esa posición.


En una esquina, entre una pila de cuadros y las mujeres de plástico pude ver a un niño duende hecho cadáver. Este duende era feo, y le faltaba bastante ropa, por su aspecto parecía hambriento, se le caía baba de la boca y nunca se daba, a mi me daba un poco de asco. Pensé que sería bueno ofrecerle mi último caramelo, asique tendí la mano y de un momento a otro el ya lo tenía en su boca. Sus manos estaban muy sucias y sus ojos eran muy transparentes de un color que yo no había visto nunca y no tiene ni nombre. Me miró fijamente con mucha concentración por dos segundos y me invitó a pasear, yo le pregunte si eso era posible. El duende se acercó y me respondió en voz muy baja: detrás de esos cuadros familiares dicen que hay otro mundo. Éstos chillan mucho al moverlos e inclusive algunos explotan con sus propios chillidos. Después de un rato te agarran y te llevan a otro lado, un poco más simpático que este. El duende volvió a resaltar con los ojos muy abiertos: estos cuadros chillan tanto que a veces es imposible soportarlo. Empezamos a mover los cuadros con el duende y me llamo la atención uno, en el cual había una mujer con la boca muy grande y abierta, se podían ver sus colmillos y sus lágrimas caer bordeando su boca. Me acerque al cuadro y empecé a mirarlo muy de cerca, extrañamente las lagrimas de la mujer me mojaron un poco e inmediatamente recordé el llanto de la niña contra la baldosa. El duende disconforme con mi ayuda, me tomo del brazo bruscamente y me dio un empujón, me lastimé un poco con otro cuadro que estaba cerca pero continúe moviéndolos. Algunas familias lloraban, otras gritaban de rabia, otras de alegría, era una masa gigante sonora de alaridos cien mil veces peor que la risa de mis barbies, cada vez se hacía más insoportable pero ya nos acercábamos. El cuadro de la mujer de boca abierta empezó a chillar tanto que mis ojos se contraían y mis manos se apoyaban sobre mis orejas, el duende estaba igual empezó a acercarse, a bordear nuestros cuerpos con su gran boca y de repente hizo lo que estaba esperando desde el momento que la vi. La mujer cerró su boca apretando sus labios y de un bocado ya estábamos en su lengua pegajosa, su saliva se pegaba en nuestros pequeños cuerpos como chicle rancio de hace un par de años. Sus dientes filosos estaban muy cerca y se chocaban entre si era muy complicado esquivarlos, casi no nos podíamos mover, la saliva nos atrapo en el centro de la boca. El duende empezó a escupir, un líquido negro que salía de su boca y por momentos de sus ojos también. Lentamente este líquido quemaba la lengua de la mujer, por lo cual aprovechamos para escapar. Así comenzamos a corre sobre la lengua, escapando de su dientes enojados de ardor, corrimos cada vez más rápido hasta que llegamos al fondo y caímos. Estaba muy oscuro, temblaba y el duende mi miraba de manera burlona, y sus ojos se clavaban sobre mí como los ojos de un asesino. Comenzamos a caminar, había muchos caminos, algunos parecían conducir al mismo lugar siempre y otros parecían terminar en el infinito. Había cosas extrañas: una niña repleta de llagas en la cara, un señor que se comía tanto las uñas hasta arrancarse los dedos, una abuela que nos hablaba y nos ofrecía sangre podrida, un caballero con manos y pies gigantes que ofrecía cuidarnos, una señora que solo gritaba, un bebe llorando y algunas ratas que se entremezclaban en ese paisaje tan amado por el duende. El señor se nos acercó, ya casi no tenía dedos, y le dijo al duende: ¿en algún momento voy a parar de comerme los dedos?, el duende ni lo miró y siguió adelante.



De repente miré mis manos y me di cuenta de que ya no tenía mis barbies, le pregunto al duende, si conoce lo suficiente este mundo como para encontrarlas. Me dice que si pero que es peligroso, me agarra el pelo y lo huele, dice gustarle, lo acaricia un rato y luego me dice: hay algunos que me buscan hace tiempo, tu olor los aleja y tu pelo los atrae como a mí. Pero no te preocupes vamos a viajar y en el camino te devolveré tus barbies, yo no me puedo perder a menos que me encuentren. Mientras escuchaba al duende, decir tantas palabras, no lograba comprender ninguna de ellas, escuchaba unos gritos que venían de lo lejos y al lado nuestro había un sonajero que sonaba por su cuenta. El duende me dijo que estuviera atenta del camino en el caso de que las bestias se asomaran. Tuve miedo, pero fuimos recorriendo el lugar, y nos encontramos con flores que saltaban solas y brujas que contaban chistes sin repetir nunca el mismo, también con niñas a medio vivir, estas nunca lloran, ni tienen vergüenza, siempre pero siempre tienen la sonrisa dibujada. Había una con la mama que decía: acordate de hacer la tarea, acordate de jugar, acordate de hablarme, acordate de reír, acordate de quererme y eso no te lo vayas a olvidar.


Nos alejamos de la niña y su madre, ésta tenía una lista eterna de acordates, no entiendo como sonreía la niña, tal vez tiene que saltar mucho por eso. El duende me zamarrea y me dice: basta concentrate, no importa la niña que salta, no querés tus barbies? Lo miro con mi cara comprimida, parecida a una pasa de uva, y él me responde del mismo modo, lo tomo casi como una burla pero seguí igual.

De repente el duende empezó a caminar cada vez más rápido, me costaba mucho seguirlo, sus pasos eran gigantes, ya no podía mirar el camino, ni nada de lo que me rodeaba. El duende me decía que ya estábamos cerca y que pronto lo iban a encontrar, me arranco un pedazo de la remera y se la puso en la boca, luego tomo mi cabeza entre sus manos y de una mordida me arranco todo el pelo, lo tiró por ahí y continúo arrastrándome. Ya llegábamos y podía ver desde allí la pequeña habitación con los cuadros familiares y mis barbies que estaban a carcajadas con un duende. Lo miré al duende, me tomo con sus garras, me respiró cerca de la boca, me olfateo un poco, miré hacia la pequeña habitación y comencé a chillar cada vez más fuerte, hasta que la mujer de lágrimas me escupió y caí toda despatarrada en la pequeña habitación, había otro duende que hablaba ahí con las muñecas de plástico, yo estaba aterrorizada, quería volver a casa . El duende quedo atrapado en el cuadro, no sabía chillar, intentaba escapar pero no podía, su chillido era muy débil, me vigilaba y su boca parecía de a ratos enviar ciertos mensajes ocultos, al menos para mí que no podía descifrarlos. Pero realmente no comprendía: él conocía ese mundo, lo conocía perfectamente y además él había querido irse de paseo.


Estaba a salvo aunque sin mis barbies hasta que vi una mancha roja que se acercaba cada vez más, no supe que hacer asique se me ocurrió: si no respiro voy a volver con mis barbies, lejos de la mancha roja, con pecas, la baldosa fría del baño, las mujeres de plástico y el duende maldito que aun me vigila sin rodeos. Me aguante la respiración por un tiempo largo, abrí los ojos y estaba sentada al lado de la mesa de la cocina. Una de mis manos llevaba un chocolate, a lo lejos vi mi propia obra: un duende a carcajadas.









domingo, 4 de agosto de 2013

 ¿La angustia y el ser? Hoy no importa!

Estoy en blanco ¿Cómo se puede escribir estando en blanco? (en voz alta, se agarra la cabeza) Entre lo blanco y la confusión (fija la mirada al piso). La confusión del existir del no saber que elegir que hacer. Sé que está cerca...pero a la vez está muy lejos.
Me encuentro con esa niña y se me hace complicado desprenderme de ella porque en parte lo sigo siendo y no quiero que se pierda, ni que se vaya muy lejos.
Pretendo seguir el hilo pero como elegir sin saber lo que se presenta. La incertidumbre absoluta es lo más angustiante de este estado de angustia.
Buscar la felicidad en los otros, no es una herramienta muy segura pero… ¿Por qué no la encuentro en mi? Tal vez….me da terror encontrarme con aquello que todavía no sé, o simplemente me deprime estar sola, pero no lo creo me encanta estarlo también.
Me invade desde hace tiempo, la certidumbre y la tranquilidad, ilusorias por cierto. La protección que siento en ella como si me abrazara, como si me consolara de todas mis inquietudes, de todas mis miserias (se toca la cara, lagrimas apunto de caer).
Ella me abraza, me cuida de toda la porquería, me hace buena persona y creer  en la gente y descreer de algunos otros. Ella me hace sentir que vale la pena seguir vivo que hay razones para seguir. Principalmente las cosas lindas de la vida: la música, las personas, el arte en sí.
Pero me siento vacía de tales contenidos… a veces me siento vacía de ellos….Ahora! me siento vacía. Solo puedo pasar horas pensando que realmente no sé qué hacer...de esa manera me hundo en un torbellino de pensamientos que solo me aniquilan y me arrastran a un agujero que no quiero acercarme muy seguido.
Un agujero que ni siquiera es negro porque es vacío entonces no es nada.

¿Y el amor? No puedo ni pensar en eso. Amar a un hombre es para mí una cosa extraña, no sé ni cómo se hace, ni que decir; algunos dicen que esas cosas no se saben que solo existen en uno. En mi eso no existe, no existe nada, solo existo yo  ahora hablando ante la nada, en el vacío de mis paredes. Las cuatro paredes que me acompañan y que escuchan aterrorizadas. Y yo les digo a ustedes!! no tengan miedo, no se asusten!! ya mañana será otro día. 

domingo, 12 de mayo de 2013


Días de Otoño o Primavera
 
Me pregunto si estas o vas a volver, hoy no me interesa la respuesta, lo que me rodea  me mantiene  viva más que muerta de tu ausencia.  Ya no existen esas historias de antes, esas historias de amor que se perdían de lo bellas y de lo imposible de su posible. Esas historias que puede contar la abuela de Sole, o la misma Sole si estuviera viva: tan joven, casi mi edad y se fue con él.  Su historia en Italia siendo Argentina, me hizo llorar en su ausencia, me hizo llorar en tu ausencia. En la ausencia de quienes creen estar presentes y están muertos. En aquella ausencia que veo en los ojos de aquellos que se limpian la cara con las manos sucias, repletas de rabia, de llanto. Esa ausencia de mujer jodida que golpea a cachetadas a los pibes, a los hombres, los señores, hasta hacerse  presente a sí misma.
Camino cuadras y mas cuadras con unos zapatos que me lastiman el pie, pero son lindos así que qué más da, nada más da. Las mujeres que algunas me rozan por Avenida Córdoba, otras que me rozan y hasta empujan, me arrastran al subte y me voy no sé a dónde pero me dejo empujar, apretar, asfixiar  por el calor humano, me siento una vaca o tal vez un pedazo dentro de esa masa: adelante el pibe, atrás el viejo, a los costados: ellos. Ellos quienes son no lo sé, pero están ahí, siempre ahí espiando lo que sucede: quien  sube, quien baja. Ellos me hacen transpirar y me empiezo a derretir un poco, hay mucha gente, se dificulta respirar y soportar veinte respiros frotándote la nuca. Salgo por suerte salgo, y ellos siguen ahí atentos, concentrados, mirándome en su ausencia, en mi ausencia.
¡Y claro! Camino cinco cuadras y empiezo a estornudar, y buen si me resfrié. Entro al súper, al Coto, al Disco, algunos de esos  para comprar papel y  un poco de ibuprofeno o algo así. ¡Ahí está! La ausencia, ella y ellos desde afuera, ella mirando hacia abajo como si hubiera un infinito al cual yo no me puedo acercar, me da las pastillas, sonríe un poco, no le creo, pero buen qué más da. Hago la fila y tu ausencia se hace presencia: estas ahí, después de tanto, te miro y mis ojos siguen ausentes de alegría, todavía no lo creo, solo los veo a ellos. 

lunes, 4 de febrero de 2013


Vicuña Maquena

Las calles de tierra, y algunas de cemento de aquel pueblo, en donde las bicicletas y las motos, iban y venían, la rotisería de la esquina, el cyber a media cuadra, la heladería de  helado artesanal a la vuelta. Las jóvenes que iban y venían, si alguien distinto se asomaba por estos pagos, recibía una mirada fija como de vaca asustada  o tal vez en algunos otros casos con una sonrisa de bienvenida.
Todo transcurrió una tarde de enero, el calor era duro, las moscas estaban más molestas que de costumbre y las avispas no paraban de hacer viajes cercanos al cuerpo de uno, a veces uno chillaba, otras gritaba, pero finalmente caía en la cuenta de que  no estaba en la ciudad y que solo era cuestión de soportar un poco.  Esa misma tarde de enero, el pueblo explotaba de felicidad, para nuestra sorpresa, la felicidad y el movimiento de ese pequeño pueblo daban ganas de sonreír.
En una calle de tierra, el cuarteto sonaba, tres voces cantaban y los vecinos se asomaban. El grupo sonaba, por todo el pueblo lo hacía, la felicidad en sus caras, después de larga jornada laboral era inigualable, simplemente estaban ensayando. Hace 11 años que subsistían como banda, eran la única en este pueblo, inclusive algunos de los músicos, venían desde lejos para ensayar. La música no parecía tener vida  aquí, pero estos jóvenes, cada tarde desde el garaje de alguno, producían con su música alegría. Así los jóvenes, los niños y hasta inclusive los ancianos, se acercaban al principio algo tímidos y luego no había casi manera de concluir con tal fiesta.
Entonces, Si! La música despertaba a los vecinos, muchos niños se acercaban, algunos bailaban, otros gritaban, y algunos otros, un poco escondidos  también  lloraban. Además estaban los familiares, y los vecinos desde lo lejos gritaban que les dedicaran una canción, parecía completamente una fiesta con mate, galletitas y coca cola. Las horas pasaban, ya se hacía de noche y la fiesta continuaba.
Me tope con una muchacha, era una mujer joven por cierto,  muy bonita, sus ojos eran algo verdes y sus mejillas algo rosas. La mirada de esta muchacha, era tan dulce que podía envolver con su dulzura todo lo que la rodeaba. Ella tenía dos hijos, decía no hacer nada, pero por lo que yo veía tenía un marido que la acompañaba, dos hijos adorables y dulces como ella y una casa muy bien cuidada por ella misma.  Se quejaba de no haber terminado el secundario, de no haber salido en la adolescencia lo suficiente porque estaba de novia, y de no trabajar.  Esta joven, tan solo era un poco más grande que yo, y ya había formado una familia, pronto se casaría y tal vez tendrían otro hijo. Le gustaría descansar, según me dijo en secreto pero sería útil, otro niño más para que trabajase en el campo, así le dijo su futuro, ya casi marido después de años de compañía mutua.
Las estrellas eran cada vez más dueñas del cielo, y ya se hacía tarde, el cuarteto proseguía, los vecinos  aplaudían y la muchacha dulce, ya cansada de trabajar sin parar, durante todo el día,  apoyada sobre la camioneta de su marido, uno de los cantantes de la banda, entregaba con gran esfuerzo y dulzura sus últimas sonrisas del día, deseando irse a dormir para continuar al otro día. 

lunes, 21 de enero de 2013



LA MOROCHA

La morocha es una señorita que vive por once con su mama, tiene los ojos morrones y en algún momento, alguien de por ahí, le dijo que eran ojos de setter; a la morocha no le gustaba nada pero para algunos era así. La morocha era tan especial, sus pecas casi transparentes la hacían cinco años más joven y su sonrisa era tan simpática como sus chistes y su frescura.
La morocha, me comentaba sobre sus proyectos de vida y casi inevitablemente no pudo desviarse de sus problemáticas cotidianas. Ella me decía que si no trabajaba, lo único que hacía era mirar televisión o estar en la computadora. Muy decepcionada, y algo triste me contaba que su casa estaba repleta de libros pero nada la motivaba. En su infancia, la morocha leía o le leían, a ella le encantaba saber y conversar sobre lo que escuchaba por ahí. Tenía una memoria extraordinaria y una sensibilidad increíble, captaba todo lo que se dijera o se dejase de decir. También leía, mucho leía, pero ahora se encontraba atrapada, entre la televisión y la computadora. La madre indignada ante esta situación, pero a ella no le importaba.
A la morocha le encantaba pasearse de un lado hacia otro, por las calles de once o más bien como tal vez ella lo calificaría: por los pasillos del barrio. Pero eso sí, odiaba con toda su alma, la cantidad de gente desbordante que había vendiendo todo tipo de cosas, todo sucio, niños comiendo en la vereda, bebes con mantas en las calles, todo un desastre. Le producía un inmenso  dolor toda esa gente, esa misma gente que viene de otros países como Perú, Bolivia, Paraguay y también, alguno que otro de África. La veía a la morocha explotar de rabia, indignada por la situación de esas personas, exclamaba con furia: Vienen acá con esperanzas de tener una calidad de vida mejor que en su país…y al final ¿Qué pasa? Se encuentran con uno que los agarra y los usa para hacerse su propia quintita, mínimamente les dan para las necesidades básicas y listo, se lavan las manos como buen desgraciado. Proseguía: Lo peor es que yo quiero salir a vender mis cosas ¿y sabes qué? ¡¡Me sacan de los pelos, pero sí que todo es una mafia absoluta, mafia querida!!. Nadie hace nada, absolutamente nada: los de las  comunas se lavan las manos, los policías también, todo el mundo lo hace y los vecinos cada vez estamos más indignados, ¡¡nadie puede vivir así!!.Es un infierno salir por este barrio!!!  .
La morocha aunque no lo deseara se perdió entre los pasillos de once y nunca más la volví a ver. La gente comentaba sobre ella, algunos decían que se había peleado con alguien del barrio unos días antes, otros con aire burlón que se había quedado atrapada entre la televisión y la computadora.


Enero 2013



Las apariencias, lo material.

El gordito del bondi 59, vestido todo de rojo, con casi 10 años de edad, no paraba de chuparse vigorosamente el dedo gordo con su sonrisa beatífica al son del compas. Iba observando por la ventana con la mirada perdida y su panza de lo más relajada, la panza menos inhibida que jamás he visto, tal vez porque tan solo tenía quizás unos 10 años.  Ya era tarde y entre las frenadas y el cansancio de todo el día, la gente subía con sus piernas  pesadas a punto de estallar.  Algunos iban con amigos del trabajo, charlando de los problemas que habían transcurrido a lo largo del día, quien había hecho tal o cual cosa mal. Sus cabezas iban rotadas hablando sin parar, de tal modo que seguramente iban a llegar a sus casas y decir: ¡este maldito trabajo hasta me destruye el cuello!; si supieran que tan solo eso es una parte pequeña de su gran desdicha jamás volverían hablar.
Sentada al fondo, mascando chicle sin parar, observaba  al niño gordito y a tres muchachas que parecían cotorras enojadas. Miraba hacia un lado y hacia al otro pero de todas formas no encontraba algo más interesante aún como lo que allí sucedía.  Me mantuve entretenida casi todo el viaje, hasta que pensé en aquellos dólares que llegarían.  Los anteojos me molestaban y con esos dólares seguramente me podría comprar no solo anteojos, sino además lentes de contacto y también un blackberry y seguramente me alcanzaría además para esas botas que sueño hace meses de Sofía de Grecia.  Algo de maquillaje y algún perfume  caro también, podría salir a lugares con clase y conocer gente más interesante de lo normal, tantas cosas podría pero esos dólares no eran míos solo llegaría a mis manos, me dirían adiós y quizá hasta luego, si me tienen un poco de compasión.  De todas formas,  estoy deseosa de recibirlos tan solo tocarlos y que acaricien mis manos por unos segundos, siéndome suficiente para terminar con esta asquerosa vida que cada segundo que pasa me dice: no importa lo que trabajes siempre vas a querer más.  Al menos por un momento lo creería y la desdicha se terminaría, ese sería mi primer respiro, mi primer paso en esta ya hermosa vida.  Mientras tanto, esperaba ansiosa y desgraciadamente la orden del jefe del estudio de ir por el dinero y luego llevarlos a su preciosa y odiada ex mujer.
Me dolía terriblemente el cuello pero por suerte recibiría un sobre con plata a la mañana siguiente,  para darme aquellos gustos masajes un poco caros que suelen mantenerme viva.  Placeres así como ir a la peluquería, hacerme un baño de crema, las manos, los pies, masajes y luego algunos ejercicios de yoga con mi amado profesor del exterior, el cual tiene un acento francés extremadamente excitante que hace sonrojar inclusive hasta mis pies.  Todo eso gracias a mi ex marido, lo peor que podría haber hecho en la vida es no casarme con él y  por suerte, lo mejor que hice fue casarme; siempre me atormenta la pregunta porque me uní a él pero mucho más me asusta la respuesta. Esos billetes, tan solo unos pocos de ellos son algo tan genial, tan viril en un hombre, tan sensual hacen a una mujer, todavía sigo sin entender, pero ya no importa eso,  ni  a tal hombre le importa. Supongo que le agrada mi manera tan prostituta de conseguirlo,  lo seduje o quién sabe, tal vez le agrada vivir pensando que siempre lo quise por su dinero, hasta cuando le decía muy sinceramente para mí, te amo.
Mis compañeras en el trabajo me comentaron que la ex mujer del jefe no hacia absolutamente nada, solo se había casado con él por su gran suma de dinero. Todas las semanas ésta se da grandes lujos y según tengo entendido, ni siquiera trabaja y cuando lo hace se pelea con los demás o genera discusiones innecesarias.  Esa mujer está destinada a ser  doncella  y hacer todo lo que yo haría si recibiera esa plata cada semana así porque si. Evidentemente  el buen dios decidió a último momento que su destino se uniera con el de los ricos viviendo eternamente sin precio alguno, de los vueltos de mi estúpido e idiota jefe.  Salí del  estudio para descansar un rato, no me di cuenta y me pase como tres horas en la calle mirando vidrieras de zapatos y de ropa. Ahora miro a las mujeres que se pasean por la vereda con su bella silueta y su encantadora vestimenta tan apropiada en contraste a la que visto, las cuales se repiten hace casi ya seis meses.
El portero me dejo el sobre por debajo de la puerta, lo tomé y ansiosa lo abrí, no había absolutamente nada, solamente aparecían facturas de marcas de ropa, perfume y zapatería. Nada peor me podría estar ocurriendo, mi vida, mis sueños, mis placeres estaban muertos; otra perra se casó con él y ahora me mandan esta carta sin remitente,  el maldito se dio cuenta de mi plan macabro y felizmente se vengó.

domingo, 13 de enero de 2013


Psicosis

Recostada en la cama, dando vueltas sin parar, enroscándome entre las sabanas sin descansar, pensando en aquello y lo otro que sucedió ayer o hace un mes, pensando sin parar. El calor que poco a poco me envuelve entre las sabanas y la desesperación del escuchar zumbar al maldito mosquito queriendo reposar sobre mi pequeña oreja a punto de dormitar. Por un momento, mi cabeza se detiene, mis ojos se relajan y ya casi que soy esclava del sueño pero no! Aparecen de nuevo los mosquitos, el pensar, el calor y la incomodidad. De repente siento la garganta seca, me levanto de la cama con los ojos casi abiertos, bajo las escaleras y tomo un vaso de agua en la cocina; nuevamente voy al baño. De nuevo en la cama, de nuevo intentando dormir, apretando las sabanas imploro tu voz, tu nombre, tu cuerpo y tu amor. No entiendo porque te fuiste, me dijiste que ibas al baño, no tardabas supuestamente, y ya para mí paso una eternidad en la cual yo sigo recostada sobre la cama drogada de amor, casi que no puedo pensar, lo único que existe  sos vos.  Sigo esperándote,  cada vez me encuentro más nerviosa… no volves, no sé si te hice algo, no sé qué te paso, porque no me queres, no me amas. No puedo esperar, me desespero antes de que vos puedas animarte a volver.  Me levanto de la cama, me saco todas las frazadas, enciendo la luz bajo las escaleras, me cambio esperando encontrarte; te llamo y no te encuentro, te busco y no te veo.
Ya estoy preocupada, estoy planeando una búsqueda, una búsqueda que tenga en consideración cada parte de la ciudad, en cada punto que pueda te voy a buscar y sé que finalmente te voy a encontrar. En cada calle, avenida, subsuelo, por el subte, en el bondi; voy a mirar a observar todo el tiempo, voy a estar pensando en vos, en todo lo que  éramos. Cada rostro que mire, que observe lo voy a confundir con tu rostro, tu rostro era tan bello que podía ser todos al mismo tiempo. Es difícil lo sé pero hasta que los pies no sangren y los ojos lloren, mi voz  agonice y mi cuerpo este casi listo para caminar lentamente hacia ese camino donde nadie quiere ir, no voy a parar; doy todo por vos, por mi.
Me canse, no quiero buscarte mas, no sirvo para esto, mis pies apenas lloraron un poco y mi voz insistente reclamaba para que la  dejara agonizando pero con dos atados de puchos y un poco de alcohol no fue suficiente. Mis pies bailarines todavía no se cansaban de danzar, iban hacia un lado y al otro, como una pareja ideal esas que se aman mutuamente yendo de un lado al otro sin perderse en el camino de lo real. 

Julio 2011

¿Qué es lo que me falta? La falta.

Vi aquella señorita de sonrisa perfecta Colgate y me pregunte si eso me faltaba. Luego pasó un señor muy cerca mío y le pregunte: señor, a usted le falta algo?, el señor contesto:  y…no lo sé realmente…hoy conmigo llevo  200 pesos, cuatro carpetas de estudio, cigarrillos, dos o tres lapiceras y creo que nada más. Le contesto que me alegro por su dicha, me mira con cara extraña y sigue caminando velozmente como caballo de carrera, bien domado, nada salvaje.
Ya estaba llegando tarde al médico, tenía que hacerme un par de estudios, dejar que me traten como un cacho de carne: sentarme en una camilla desnuda así como así, dejar que me toque alguien así como así y bueno después irme. En esos momentos que el médico me revisaba me sentía un muerto, no le importaba mi nombre, solo me llamaba por cortesía, en cuarenta minutos de estar en consulta creo que me habrá mirada la cara unas dos veces tal vez. Realmente no lo sé, dicen que uno no puede saber sobre la muerte, que es algo totalmente enigmático, pero realmente el médico te trata como si estuviera trabajando con algo, no con alguien. Después salís de la consulta y tenes que arreglar otro encuentro con la secretaria  porque todavía te faltan hacerte mil ochecientos análisis más. La pobre, con ojeras hasta el piso y una risita forzada  ya está aburrida de repetir lo mismo: ¿Particular o matriculado? ¿Qué obra social? ¿Qué plan? ¿Qué estudios? ¿Tenes receta? ¿Cuándo podes? Bueno…dentro de tres meses tenés turno con el doctor. Por otro lado, la pequeña actriz un poco ya desfigurada debe tolerar la cara de la gente, dando a entender: haría cualquiera cosa antes de estar acá o la de los fanáticos: me encanta venir al médico, es lo más divertido que tengo para hacer en la semana!
Ya regresando a casa me encuentro con un compañero de clase y me pregunta si tengo algo, no llego a escucharlo bien, le digo que me repita  y sigo sin entender. Cierro los ojos para tratar de entenderlo, veo todo negro, sigo sin escuchar nada, los abro y veo su rostro un poco desfigurado y su boca que no paraba de moverse. Estábamos cruzando Las Heras, nuevamente cierro los ojos pero  ya no podía abrirlos, me caí al piso, no pude escuchar que era lo que me faltaba.

La calle

Todo sigue en movimiento, desde adentro de casa, escucho un silbato que debe ser de un policía, escucho los gritos de los niños jugando en la calle. Una familia entera, en la calle con sus muebles y cosas desparramadas por la calle en pleno microcentro. La gente pasa, y los observa, la señora grande, la abuela, los mira de costado y esconde su mirada, y si puede su rostro, en lo más profundo de su cartera negra, parece tener vergüenza.
Dicen que los desalojaron, dicen que eran ocupas, dicen que vendían droga, dicen muchas cosas. Los minutos pasan y ya no se escuchan gritos de niños jugando, si no gritos de llanto, la situación parece haber llegado a su límite. Me da miedo asomarme de nuevo a la ventana y encontrarme de nuevo con una escena de desalojados, de muebles que no están ahí para venderse, si no para ser transportados a algún otro lugar, sea una casa otra, o la calle.
La calle, tan silenciosa de noche, tan oscura, tan peligrosa, gente que duerme, que tiene sus hijos, que se pelea, que llora, que vive en la calle, con muebles, con un solo un colchón, tal vez una televisión. Historias de calle, tragedias de calle, alegrías de calle, la calle sucia.
Las noches en la calle, durmiendo con una manta o sin nada, caminando de un lado hacia el otro, esperando algo, varios cigarrillos de compañía, muchas tantas otras veces otras cosas de compañía. Cosas que relajan pero destruyen, cosas que quitan el dolor del hambre pero matan, cosas que dan calor aunque haga frío, cosas que permiten soportar la calle.
La calle, tan poblada, tan silenciosa, tan maldita, tan sucia, tan peligrosa, terriblemente solitaria, la calle.

Diciembre 2012



Brasil

Por las calles, algunas de tierra seca y otras de adoquín, el calor pegaba fuerte, la gente pasaba de un lado hacia al otro, sin mirar demasiado alrededor. Algunos buscaban que comprar, otros la parada del bus y otros estaban ahí,  con sus cuerpos derretidos al sol, cargando carretas con adoquín, se podía ver en sus ojos fruncidos y ya morados esperar que algo sucediera, sus esperanzas parecían ser vida, los alimentaba, los purificaba. Los rostros fruncidos, los cuerpos pesados, hinchados, sudados, transitando la alegría y la belleza, de las playas, de la selva que estaba cerca. Se podían ver hasta los insectos reír, las arañas escondidas entre las rocas de las cascadas, las lagartijas, pequeñas, grandes, adultas, bebes, niñas que iban y venían sin cesar. La sonrisa era algo predominante de ese paisaje tan bonito del pueblo de Paratí hacia unas horas de una ciudad de gran magnitud, llena de alegría y de pobreza, como Sao Pablo.
Detrás de tantas sonrisas podía pesquisar a lo lejos un aire de asfixia, de agobio, de  miedo pero de esperanza. La muchacha se pasaba horas esperando el bus, yo la veía desde lo lejos, tan solo esperando, su cara fruncida abajo del rayo penetrante del sol, su cuerpo transpirado de tanto calor.  Pasaban horas y la muchacha continuaba parada esperando, por momentos se sentaba sobre el asfalto, por otros parecía enojada, pero la risa no la abandonaba, su esperanza a tomarse el colectivo todavía continuaba.  Realmente la admiraba, su tolerancia a la espera, a la calma a continuar con esperanzas de que todo llegara a su fin, su silencio. Una vez que llegaba el colectivo,  se subía y pagaba el boleto,  realmente sorprendente para mi, después de haber estado tantas horas siendo esclava de la espera, del calor, del cansancio de larga y atareada jornada laboral. También su sonrisa continuaba y no solo eso, si no que también jugaba con la misma, y hasta bailaba, su sonrisa era baile, era vida, era esperanza en potencia.

Diciembre 2012
Niños que van y vienen



El camino hasta tu casa se me hacia infinito, me resultaba casi extraño no perderme, de noche, todo oscuro, los pibes del barrio, y yo ahí buscando tu casa, buscándote por algún lado. Finalmente llegaba, nos reíamos un rato, luego hablábamos otro rato, nos compenetrábamos con conversaciones que hablaban de nosotros implícitamente. Estábamos de acuerdo, en otros momentos no; me mirabas pensativo y yo te miraba confundida, por momentos ya ni sabía lo que pensaba, solo estaba ahí. En un ph cerca de la facultad, de noche, cansada pero con ganas de quererte, solo sabia eso, vos no sé qué sabías, pero me gustaba ser ignorante de tu ignorancia, o ser ignorante de tu sabiduría elevada. Salimos de tu casa, me prendí un pucho y caminamos hasta el kiosco, justo empezó a llover un poco pero no nos importó, a vos te gustaba la lluvia y a mí me gustaba que a vos te guste asique fue algo divertido para los dos, casi como una aventura hasta ese país que no existe, y que capaz nunca nos animemos a vivirlo. Seguimos caminando, íbamos a Jujuy y pavón, yo quería más puchos, vos me odiabas por eso. En algún momento, nos topamos con algo realmente extraño, no supimos que hacer, solo abrazarnos y negarlo. Era un niño…estaba descalzo, comiendo chicle, mascando sin parar, tenía poco cabello y remolinos que parecían como agujeros, no nos pidió nada simplemente se paró en frente nuestro y nos miró. Por un rato, nos miro fijamente, luego se canso y empezó a jugar con sus propias manos. Tenía las manos lastimadas y los pies también, desbordaban de pus, su flacura era de un transparente poco familiar. Seguimos caminando, ya volviendo a tu casa, y nos encontramos con un niño exactamente igual al otro, solo que éste no tenía remolinos en la cabeza, tenía pecas y la cara era simpática, estaba relleno y bien vestido, nos dijo que estaba perdido. Nosotros ya no sabíamos en donde estábamos, fue una noche de niños, nos dimos vuelta para encontrarnos y estábamos completamente perdidos. De repente aparecieron mas y mas niños, algunos muy flacos , otros más gordos, empezaron a jugar en la calle, se compartían los juguetes, se miraban entre si, era toda una fiesta de niños en once a las 2 de la mañana. Nos levantamos, escuchábamos gritos desde lejos, pensábamos que eran los niños, pero eran simplemente madres. Madres rabiosas, que se mordían los labios y presionaban los ojos, para que no se escapara ninguna lagrima, para no perder de vista ningún movimiento, ninguna mirada, ningún niño.

Noviembre 2012

Mirada ajena


Me gustaría poder querer a alguien que me pueda amar y también amar a alguien que me pueda querer.  Aquellos enamorados que vi  pasar  por la plaza del barrio...ay! qué lindo como se reían. Él sujetaba la cintura delgada de su novia y la llevaba para si, la estrujaba contra su cuerpo como si fuera la última vez que fueran a estar ahí, ellos dos solos, juntos. Las mejillas de ella se sonrojaban pero se estrujaban de alegría las malditas, la voz de el por lo que escuche desde lo lejos se quebraba como si no pudiera controlar algún miembro de su cuerpo.
No puedo comprender lo que sucedió, la muchacha y él ya no estaban, era muy raro, durante días y días los busque y nunca más los volví a ver. No comprendo que ha pasado se amaban tanto, me producía tanta alegría verlos, me excitaba tanto que mis muslos se contraían y mi corazón se enfurecía.  Se enfurecía de rabia, de odio por no poder tocarlos, por no poder estar con ellos, por no tener esas caricias que serian capaces de perfumar mi cuerpo haciéndolo mas bello.
Por  momentos salgo por el barrio esperanzada de volver a verlos, los busco, los busco pero no los encuentro.  Me estoy enloqueciendo, me di cuenta de que no puedo vivir sin ellos, sin su calor juvenil y esa ternura que se reposa en el aire, en el espacio que los habita. El cual me permite vivir día a día, el cual es mi sustento, es el aire que me alimenta, que me nutre, me estoy muriendo, estoy pudriéndome.  Los odio! ¿Por qué me abandonaron? No les hice nada, era tan solo mirarlos... ¿tanto les costaba quedarse? Este es su barrio... ¿A dónde creen que van? Les advierto: no piensen que pueden hacerlo, no pueden escaparse de mí.
Fui a la plaza y los vi, pero algo había cambiado ya no reían, ya no la agarra de la cintura, ella ya no se sonrojaba solo chillaba y él con voz de quebrado como siempre. Él parecía un niño al cual le habían sacado el juguete, y ella no se que parecía tal vez una mujer por como hablaba pero sus ojos la delataban, a mí no podía engañarme.
Mis  dientes y mis labios sangrientos  se arrepentían pero no podían soportar la separación, se me iba la vida, tenía que alimentarme.


Febrero 2011