Las apariencias, lo
material.
El
gordito del bondi 59, vestido todo de rojo, con casi 10 años de edad, no paraba
de chuparse vigorosamente el dedo gordo con su sonrisa beatífica al son del
compas. Iba observando por la ventana con la mirada perdida y su panza de lo
más relajada, la panza menos inhibida que jamás he visto, tal vez porque tan
solo tenía quizás unos 10 años. Ya era
tarde y entre las frenadas y el cansancio de todo el día, la gente subía con
sus piernas pesadas a punto de estallar. Algunos iban con amigos del trabajo,
charlando de los problemas que habían transcurrido a lo largo del día, quien
había hecho tal o cual cosa mal. Sus cabezas iban rotadas hablando sin parar,
de tal modo que seguramente iban a llegar a sus casas y decir: ¡este maldito
trabajo hasta me destruye el cuello!; si supieran que tan solo eso es una parte
pequeña de su gran desdicha jamás volverían hablar.
Sentada
al fondo, mascando chicle sin parar, observaba
al niño gordito y a tres muchachas que parecían cotorras enojadas.
Miraba hacia un lado y hacia al otro pero de todas formas no encontraba algo
más interesante aún como lo que allí sucedía.
Me mantuve entretenida casi todo el viaje, hasta que pensé en aquellos
dólares que llegarían. Los anteojos me
molestaban y con esos dólares seguramente me podría comprar no solo anteojos,
sino además lentes de contacto y también un blackberry y seguramente me
alcanzaría además para esas botas que sueño hace meses de Sofía de Grecia. Algo de maquillaje y algún perfume caro también, podría salir a lugares con clase
y conocer gente más interesante de lo normal, tantas cosas podría pero esos
dólares no eran míos solo llegaría a mis manos, me dirían adiós y quizá hasta
luego, si me tienen un poco de compasión.
De todas formas, estoy deseosa de
recibirlos tan solo tocarlos y que acaricien mis manos por unos segundos,
siéndome suficiente para terminar con esta asquerosa vida que cada segundo que
pasa me dice: no importa lo que trabajes siempre vas a querer más. Al menos por un momento lo creería y la
desdicha se terminaría, ese sería mi primer respiro, mi primer paso en esta ya
hermosa vida. Mientras tanto, esperaba
ansiosa y desgraciadamente la orden del jefe del estudio de ir por el dinero y
luego llevarlos a su preciosa y odiada ex mujer.
Me
dolía terriblemente el cuello pero por suerte recibiría un sobre con plata a la
mañana siguiente, para darme aquellos
gustos masajes un poco caros que suelen mantenerme viva. Placeres así como ir a la peluquería, hacerme
un baño de crema, las manos, los pies, masajes y luego algunos ejercicios de
yoga con mi amado profesor del exterior, el cual tiene un acento francés
extremadamente excitante que hace sonrojar inclusive hasta mis pies. Todo eso gracias a mi ex marido, lo peor que
podría haber hecho en la vida es no casarme con él y por suerte, lo mejor que hice fue casarme; siempre
me atormenta la pregunta porque me uní a él pero mucho más me asusta la
respuesta. Esos billetes, tan solo unos pocos de ellos son algo tan genial, tan
viril en un hombre, tan sensual hacen a una mujer, todavía sigo sin entender,
pero ya no importa eso, ni a tal hombre le importa. Supongo que le
agrada mi manera tan prostituta de conseguirlo,
lo seduje o quién sabe, tal vez le agrada vivir pensando que siempre lo
quise por su dinero, hasta cuando le decía muy sinceramente para mí, te amo.
Mis
compañeras en el trabajo me comentaron que la ex mujer del jefe no hacia
absolutamente nada, solo se había casado con él por su gran suma de dinero.
Todas las semanas ésta se da grandes lujos y según tengo entendido, ni siquiera
trabaja y cuando lo hace se pelea con los demás o genera discusiones
innecesarias. Esa mujer está destinada a
ser doncella y hacer todo lo que yo haría si recibiera esa
plata cada semana así porque si. Evidentemente
el buen dios decidió a último momento que su destino se uniera con el de
los ricos viviendo eternamente sin precio alguno, de los vueltos de mi estúpido
e idiota jefe. Salí del estudio para descansar un rato, no me di
cuenta y me pase como tres horas en la calle mirando vidrieras de zapatos y de
ropa. Ahora miro a las mujeres que se pasean por la vereda con su bella silueta
y su encantadora vestimenta tan apropiada en contraste a la que visto, las
cuales se repiten hace casi ya seis meses.
El
portero me dejo el sobre por debajo de la puerta, lo tomé y ansiosa lo
abrí, no había absolutamente nada, solamente aparecían facturas de marcas de
ropa, perfume y zapatería. Nada peor me podría estar ocurriendo, mi vida, mis
sueños, mis placeres estaban muertos; otra perra se casó con él y ahora me
mandan esta carta sin remitente, el
maldito se dio cuenta de mi plan macabro y felizmente se vengó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario