lunes, 21 de enero de 2013



Las apariencias, lo material.

El gordito del bondi 59, vestido todo de rojo, con casi 10 años de edad, no paraba de chuparse vigorosamente el dedo gordo con su sonrisa beatífica al son del compas. Iba observando por la ventana con la mirada perdida y su panza de lo más relajada, la panza menos inhibida que jamás he visto, tal vez porque tan solo tenía quizás unos 10 años.  Ya era tarde y entre las frenadas y el cansancio de todo el día, la gente subía con sus piernas  pesadas a punto de estallar.  Algunos iban con amigos del trabajo, charlando de los problemas que habían transcurrido a lo largo del día, quien había hecho tal o cual cosa mal. Sus cabezas iban rotadas hablando sin parar, de tal modo que seguramente iban a llegar a sus casas y decir: ¡este maldito trabajo hasta me destruye el cuello!; si supieran que tan solo eso es una parte pequeña de su gran desdicha jamás volverían hablar.
Sentada al fondo, mascando chicle sin parar, observaba  al niño gordito y a tres muchachas que parecían cotorras enojadas. Miraba hacia un lado y hacia al otro pero de todas formas no encontraba algo más interesante aún como lo que allí sucedía.  Me mantuve entretenida casi todo el viaje, hasta que pensé en aquellos dólares que llegarían.  Los anteojos me molestaban y con esos dólares seguramente me podría comprar no solo anteojos, sino además lentes de contacto y también un blackberry y seguramente me alcanzaría además para esas botas que sueño hace meses de Sofía de Grecia.  Algo de maquillaje y algún perfume  caro también, podría salir a lugares con clase y conocer gente más interesante de lo normal, tantas cosas podría pero esos dólares no eran míos solo llegaría a mis manos, me dirían adiós y quizá hasta luego, si me tienen un poco de compasión.  De todas formas,  estoy deseosa de recibirlos tan solo tocarlos y que acaricien mis manos por unos segundos, siéndome suficiente para terminar con esta asquerosa vida que cada segundo que pasa me dice: no importa lo que trabajes siempre vas a querer más.  Al menos por un momento lo creería y la desdicha se terminaría, ese sería mi primer respiro, mi primer paso en esta ya hermosa vida.  Mientras tanto, esperaba ansiosa y desgraciadamente la orden del jefe del estudio de ir por el dinero y luego llevarlos a su preciosa y odiada ex mujer.
Me dolía terriblemente el cuello pero por suerte recibiría un sobre con plata a la mañana siguiente,  para darme aquellos gustos masajes un poco caros que suelen mantenerme viva.  Placeres así como ir a la peluquería, hacerme un baño de crema, las manos, los pies, masajes y luego algunos ejercicios de yoga con mi amado profesor del exterior, el cual tiene un acento francés extremadamente excitante que hace sonrojar inclusive hasta mis pies.  Todo eso gracias a mi ex marido, lo peor que podría haber hecho en la vida es no casarme con él y  por suerte, lo mejor que hice fue casarme; siempre me atormenta la pregunta porque me uní a él pero mucho más me asusta la respuesta. Esos billetes, tan solo unos pocos de ellos son algo tan genial, tan viril en un hombre, tan sensual hacen a una mujer, todavía sigo sin entender, pero ya no importa eso,  ni  a tal hombre le importa. Supongo que le agrada mi manera tan prostituta de conseguirlo,  lo seduje o quién sabe, tal vez le agrada vivir pensando que siempre lo quise por su dinero, hasta cuando le decía muy sinceramente para mí, te amo.
Mis compañeras en el trabajo me comentaron que la ex mujer del jefe no hacia absolutamente nada, solo se había casado con él por su gran suma de dinero. Todas las semanas ésta se da grandes lujos y según tengo entendido, ni siquiera trabaja y cuando lo hace se pelea con los demás o genera discusiones innecesarias.  Esa mujer está destinada a ser  doncella  y hacer todo lo que yo haría si recibiera esa plata cada semana así porque si. Evidentemente  el buen dios decidió a último momento que su destino se uniera con el de los ricos viviendo eternamente sin precio alguno, de los vueltos de mi estúpido e idiota jefe.  Salí del  estudio para descansar un rato, no me di cuenta y me pase como tres horas en la calle mirando vidrieras de zapatos y de ropa. Ahora miro a las mujeres que se pasean por la vereda con su bella silueta y su encantadora vestimenta tan apropiada en contraste a la que visto, las cuales se repiten hace casi ya seis meses.
El portero me dejo el sobre por debajo de la puerta, lo tomé y ansiosa lo abrí, no había absolutamente nada, solamente aparecían facturas de marcas de ropa, perfume y zapatería. Nada peor me podría estar ocurriendo, mi vida, mis sueños, mis placeres estaban muertos; otra perra se casó con él y ahora me mandan esta carta sin remitente,  el maldito se dio cuenta de mi plan macabro y felizmente se vengó.

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