domingo, 12 de mayo de 2013


Días de Otoño o Primavera
 
Me pregunto si estas o vas a volver, hoy no me interesa la respuesta, lo que me rodea  me mantiene  viva más que muerta de tu ausencia.  Ya no existen esas historias de antes, esas historias de amor que se perdían de lo bellas y de lo imposible de su posible. Esas historias que puede contar la abuela de Sole, o la misma Sole si estuviera viva: tan joven, casi mi edad y se fue con él.  Su historia en Italia siendo Argentina, me hizo llorar en su ausencia, me hizo llorar en tu ausencia. En la ausencia de quienes creen estar presentes y están muertos. En aquella ausencia que veo en los ojos de aquellos que se limpian la cara con las manos sucias, repletas de rabia, de llanto. Esa ausencia de mujer jodida que golpea a cachetadas a los pibes, a los hombres, los señores, hasta hacerse  presente a sí misma.
Camino cuadras y mas cuadras con unos zapatos que me lastiman el pie, pero son lindos así que qué más da, nada más da. Las mujeres que algunas me rozan por Avenida Córdoba, otras que me rozan y hasta empujan, me arrastran al subte y me voy no sé a dónde pero me dejo empujar, apretar, asfixiar  por el calor humano, me siento una vaca o tal vez un pedazo dentro de esa masa: adelante el pibe, atrás el viejo, a los costados: ellos. Ellos quienes son no lo sé, pero están ahí, siempre ahí espiando lo que sucede: quien  sube, quien baja. Ellos me hacen transpirar y me empiezo a derretir un poco, hay mucha gente, se dificulta respirar y soportar veinte respiros frotándote la nuca. Salgo por suerte salgo, y ellos siguen ahí atentos, concentrados, mirándome en su ausencia, en mi ausencia.
¡Y claro! Camino cinco cuadras y empiezo a estornudar, y buen si me resfrié. Entro al súper, al Coto, al Disco, algunos de esos  para comprar papel y  un poco de ibuprofeno o algo así. ¡Ahí está! La ausencia, ella y ellos desde afuera, ella mirando hacia abajo como si hubiera un infinito al cual yo no me puedo acercar, me da las pastillas, sonríe un poco, no le creo, pero buen qué más da. Hago la fila y tu ausencia se hace presencia: estas ahí, después de tanto, te miro y mis ojos siguen ausentes de alegría, todavía no lo creo, solo los veo a ellos.