domingo, 13 de enero de 2013


Mirada ajena


Me gustaría poder querer a alguien que me pueda amar y también amar a alguien que me pueda querer.  Aquellos enamorados que vi  pasar  por la plaza del barrio...ay! qué lindo como se reían. Él sujetaba la cintura delgada de su novia y la llevaba para si, la estrujaba contra su cuerpo como si fuera la última vez que fueran a estar ahí, ellos dos solos, juntos. Las mejillas de ella se sonrojaban pero se estrujaban de alegría las malditas, la voz de el por lo que escuche desde lo lejos se quebraba como si no pudiera controlar algún miembro de su cuerpo.
No puedo comprender lo que sucedió, la muchacha y él ya no estaban, era muy raro, durante días y días los busque y nunca más los volví a ver. No comprendo que ha pasado se amaban tanto, me producía tanta alegría verlos, me excitaba tanto que mis muslos se contraían y mi corazón se enfurecía.  Se enfurecía de rabia, de odio por no poder tocarlos, por no poder estar con ellos, por no tener esas caricias que serian capaces de perfumar mi cuerpo haciéndolo mas bello.
Por  momentos salgo por el barrio esperanzada de volver a verlos, los busco, los busco pero no los encuentro.  Me estoy enloqueciendo, me di cuenta de que no puedo vivir sin ellos, sin su calor juvenil y esa ternura que se reposa en el aire, en el espacio que los habita. El cual me permite vivir día a día, el cual es mi sustento, es el aire que me alimenta, que me nutre, me estoy muriendo, estoy pudriéndome.  Los odio! ¿Por qué me abandonaron? No les hice nada, era tan solo mirarlos... ¿tanto les costaba quedarse? Este es su barrio... ¿A dónde creen que van? Les advierto: no piensen que pueden hacerlo, no pueden escaparse de mí.
Fui a la plaza y los vi, pero algo había cambiado ya no reían, ya no la agarra de la cintura, ella ya no se sonrojaba solo chillaba y él con voz de quebrado como siempre. Él parecía un niño al cual le habían sacado el juguete, y ella no se que parecía tal vez una mujer por como hablaba pero sus ojos la delataban, a mí no podía engañarme.
Mis  dientes y mis labios sangrientos  se arrepentían pero no podían soportar la separación, se me iba la vida, tenía que alimentarme.


Febrero 2011

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