domingo, 13 de enero de 2013


¿Qué es lo que me falta? La falta.

Vi aquella señorita de sonrisa perfecta Colgate y me pregunte si eso me faltaba. Luego pasó un señor muy cerca mío y le pregunte: señor, a usted le falta algo?, el señor contesto:  y…no lo sé realmente…hoy conmigo llevo  200 pesos, cuatro carpetas de estudio, cigarrillos, dos o tres lapiceras y creo que nada más. Le contesto que me alegro por su dicha, me mira con cara extraña y sigue caminando velozmente como caballo de carrera, bien domado, nada salvaje.
Ya estaba llegando tarde al médico, tenía que hacerme un par de estudios, dejar que me traten como un cacho de carne: sentarme en una camilla desnuda así como así, dejar que me toque alguien así como así y bueno después irme. En esos momentos que el médico me revisaba me sentía un muerto, no le importaba mi nombre, solo me llamaba por cortesía, en cuarenta minutos de estar en consulta creo que me habrá mirada la cara unas dos veces tal vez. Realmente no lo sé, dicen que uno no puede saber sobre la muerte, que es algo totalmente enigmático, pero realmente el médico te trata como si estuviera trabajando con algo, no con alguien. Después salís de la consulta y tenes que arreglar otro encuentro con la secretaria  porque todavía te faltan hacerte mil ochecientos análisis más. La pobre, con ojeras hasta el piso y una risita forzada  ya está aburrida de repetir lo mismo: ¿Particular o matriculado? ¿Qué obra social? ¿Qué plan? ¿Qué estudios? ¿Tenes receta? ¿Cuándo podes? Bueno…dentro de tres meses tenés turno con el doctor. Por otro lado, la pequeña actriz un poco ya desfigurada debe tolerar la cara de la gente, dando a entender: haría cualquiera cosa antes de estar acá o la de los fanáticos: me encanta venir al médico, es lo más divertido que tengo para hacer en la semana!
Ya regresando a casa me encuentro con un compañero de clase y me pregunta si tengo algo, no llego a escucharlo bien, le digo que me repita  y sigo sin entender. Cierro los ojos para tratar de entenderlo, veo todo negro, sigo sin escuchar nada, los abro y veo su rostro un poco desfigurado y su boca que no paraba de moverse. Estábamos cruzando Las Heras, nuevamente cierro los ojos pero  ya no podía abrirlos, me caí al piso, no pude escuchar que era lo que me faltaba.

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