¿Qué
es lo que me falta? La falta.
Vi aquella señorita de
sonrisa perfecta Colgate y me pregunte si eso me faltaba. Luego pasó un señor
muy cerca mío y le pregunte: señor, a usted le falta algo?, el señor
contesto: y…no lo sé realmente…hoy
conmigo llevo 200 pesos, cuatro carpetas
de estudio, cigarrillos, dos o tres lapiceras y creo que nada más. Le contesto
que me alegro por su dicha, me mira con cara extraña y sigue caminando
velozmente como caballo de carrera, bien domado, nada salvaje.
Ya estaba llegando
tarde al médico, tenía que hacerme un par de estudios, dejar que me traten como
un cacho de carne: sentarme en una camilla desnuda así como así, dejar que me
toque alguien así como así y bueno después irme. En esos momentos que el médico
me revisaba me sentía un muerto, no le importaba mi nombre, solo me llamaba por
cortesía, en cuarenta minutos de estar en consulta creo que me habrá mirada la
cara unas dos veces tal vez. Realmente no lo sé, dicen que uno no puede saber
sobre la muerte, que es algo totalmente enigmático, pero realmente el médico te
trata como si estuviera trabajando con algo, no con alguien. Después salís de
la consulta y tenes que arreglar otro encuentro con la secretaria porque todavía te faltan hacerte mil
ochecientos análisis más. La pobre, con ojeras hasta el piso y una risita
forzada ya está aburrida de repetir lo
mismo: ¿Particular o matriculado? ¿Qué obra social? ¿Qué plan? ¿Qué estudios?
¿Tenes receta? ¿Cuándo podes? Bueno…dentro de tres meses tenés turno con el
doctor. Por otro lado, la pequeña actriz un poco ya desfigurada debe tolerar la
cara de la gente, dando a entender: haría cualquiera cosa antes de estar acá o
la de los fanáticos: me encanta venir al médico, es lo más divertido que tengo
para hacer en la semana!
Ya regresando a casa me
encuentro con un compañero de clase y me pregunta si tengo algo, no llego a
escucharlo bien, le digo que me repita y
sigo sin entender. Cierro los ojos para tratar de entenderlo, veo todo negro,
sigo sin escuchar nada, los abro y veo su rostro un poco desfigurado y su boca
que no paraba de moverse. Estábamos cruzando Las Heras, nuevamente cierro los
ojos pero ya no podía abrirlos, me caí
al piso, no pude escuchar que era lo que me faltaba.
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