Vicuña
Maquena
Las calles de tierra, y
algunas de cemento de aquel pueblo, en donde las bicicletas y las motos, iban y
venían, la rotisería de la esquina, el cyber a media cuadra, la heladería
de helado artesanal a la vuelta. Las
jóvenes que iban y venían, si alguien distinto se asomaba por estos pagos, recibía
una mirada fija como de vaca asustada o
tal vez en algunos otros casos con una sonrisa de bienvenida.
Todo transcurrió una
tarde de enero, el calor era duro, las moscas estaban más molestas que de
costumbre y las avispas no paraban de hacer viajes cercanos al cuerpo de uno, a
veces uno chillaba, otras gritaba, pero finalmente caía en la cuenta de
que no estaba en la ciudad y que solo
era cuestión de soportar un poco. Esa
misma tarde de enero, el pueblo explotaba de felicidad, para nuestra sorpresa,
la felicidad y el movimiento de ese pequeño pueblo daban ganas de sonreír.
En una calle de tierra,
el cuarteto sonaba, tres voces cantaban y los vecinos se asomaban. El grupo
sonaba, por todo el pueblo lo hacía, la felicidad en sus caras, después de
larga jornada laboral era inigualable, simplemente estaban ensayando. Hace 11
años que subsistían como banda, eran la única en este pueblo, inclusive algunos
de los músicos, venían desde lejos para ensayar. La música no parecía tener
vida aquí, pero estos jóvenes, cada
tarde desde el garaje de alguno, producían con su música alegría. Así los
jóvenes, los niños y hasta inclusive los ancianos, se acercaban al principio
algo tímidos y luego no había casi manera de concluir con tal fiesta.
Entonces, Si! La música
despertaba a los vecinos, muchos niños se acercaban, algunos bailaban, otros
gritaban, y algunos otros, un poco escondidos también lloraban. Además estaban los familiares, y los
vecinos desde lo lejos gritaban que les dedicaran una canción, parecía
completamente una fiesta con mate, galletitas y coca cola. Las horas pasaban,
ya se hacía de noche y la fiesta continuaba.
Me tope con una
muchacha, era una mujer joven por cierto, muy bonita, sus ojos eran algo verdes y sus
mejillas algo rosas. La mirada de esta muchacha, era tan dulce que podía
envolver con su dulzura todo lo que la rodeaba. Ella tenía dos hijos, decía no
hacer nada, pero por lo que yo veía tenía un marido que la acompañaba, dos
hijos adorables y dulces como ella y una casa muy bien cuidada por ella misma. Se quejaba de no haber terminado el
secundario, de no haber salido en la adolescencia lo suficiente porque estaba
de novia, y de no trabajar. Esta joven,
tan solo era un poco más grande que yo, y ya había formado una familia, pronto
se casaría y tal vez tendrían otro hijo. Le gustaría descansar, según me dijo
en secreto pero sería útil, otro niño más para que trabajase en el campo, así
le dijo su futuro, ya casi marido después de años de compañía mutua.
Las estrellas eran cada
vez más dueñas del cielo, y ya se hacía tarde, el cuarteto proseguía, los
vecinos aplaudían y la muchacha dulce,
ya cansada de trabajar sin parar, durante todo el día, apoyada sobre la camioneta de su marido, uno de
los cantantes de la banda, entregaba con gran esfuerzo y dulzura sus últimas
sonrisas del día, deseando irse a dormir para continuar al otro día.
ME encantó!!!!!!!!!1
ResponderEliminarGraciass
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